martes, 19 de enero de 2016

Poema VÍA CRUCIS

Un "rescate" de texto entrampado en un cuaderno viejo...





VÍA CRUCIS




Y fue la furia.

Y el desencanto, el dolor

en todas y cada una de sus exquisitas variantes


Y fue ÉL, sufrimiento,  canción majadera

martilleo irritante contra mis cuatro paredes.

No hay puertas ni ventanas por donde escapar.

(Los cuartos no tienen escotillas)

Tan solo un proyecto inconcluso de tragaluz decadente

por donde solían entrar los pájaros

aún  sin batir las alas

aún sin traspasar el límite,

nada más que el misterio milagroso de sus trinos.


Y fue la ausencia colgando de cada árbol, poste o cruz.

(¿Adónde se han ido los amaneceres?)

El cielo se quebró en mil pedazos

y cada uno de ellos se fragmentó hasta lo infinito

Lluvia de angustia recurrente. No puede.

No puede amanecer si no hay un cielo que lo sostenga

(Tampoco yo tengo piernas que me sostengan)

Este cielo pintado me ha convertido en  reptil.


Y fue el ascenso.

¡Pobre oruga sin alas!

Repta cuándo y cómo puede hacia la cumbre del sauce

(Los sauces no saben de cumbres)

Sus ramas se curvan inevitablemente al suelo otra vez

al principio, al origen del problema: el intrincado zarzal.


Y fue el descenso. O varios de ellos.

 Uno por cada palabra clavada en el corazón.

(Sus espinas me coronan cual profeta designada)

Y fueron los estigmas de no sé quién…

(Cada cual ha de tener los suyos)

Y fue tu nombre escrito en vivo sobre mis brazos:

te llamaste pérdida

te llamaste traición

aún sin promesas establecidas.


Y fue mi rabia por ti grabada en mí.

Y fue el escape,  y/o  la fórmula para seguir respirando.

Y fue la Muerte alisándome el cabello.

Y fue mi madre besándome la frente.

Y fue el llanto…

el alivio del llanto contabilizando las horas de mis días.

Y fue el retorno.

La postergación del viaje a la Isla de Los Muertos.

Y fue por ti. Por un nuevo intento.

Y fue la vergüenza enterrada en el patio

y los rencores tendidos al sol, expuestos a los cuatro vientos

hasta que no quede ni una pizca del gris.


Y fue el Azul* que llegó, en silencio, a instalarse

en todos mis rincones.

¡Ah, cómo le temo al Azul!


Y fueron dos y luego tres, y cuatro, y siguieron:

los pájaros han vuelto a gorjear en mi ventana.

(Ellos te han visto prendido en mis sábanas)

Y fue el empeño

y el cuero más duro y el aire más fresco.

Y fue la pena escondida, colgada, escapulario en el pecho.

Y fue la urdiembre

y fue el telar, los grabados y el cuaderno:

tierra nueva,  lisa y blanca

que mi puño-arado va partiendo.

Y fue este par de alas tercas persiguiendo mis sueños.

Y fuiste tú, TÚ, respondiendo.

Y fue el tiempo cediendo:

“Solo existe un hoy, el pasado ya está muerto”.


Y fue el viento llevándose mi nombre…no sirve…no sirve…

Y me llamé Masome*, como tributo al olvido:

No soy una, soy todas y cada una expuestas en mí.

Y fue mi cruz y la de todas.

Y fue el resto, el rescate del objetivo

la razón humillada contra el reinado violento de los sentidos.

(Y soy feliz)

Y así me he sentido por tantas y tantas veces que…

ya no importa lo que “ha sido”, sino, la persistencia

para vencer al destino.

Y fue este mismo rigor de monje para vivir siempre al filo

(Y es el canto de los filos en las plantas de mis pies)

y los “no”, y los “pronto”, y los “sí”, y los “mío”.


Y fue un paréntesis roto, porque el final no se ha escrito.

Por de pronto, nada más que la paciencia y una hilera interminable

de puntos suspensivos…………………………………………………………




Amanda Espejo

Quilicura/ 2006



*Azul: color que, según la autora, simboliza tristeza, melancolía.

*Masome: nombre creado para representar la fusión de los conceptos masoquista y sometida.

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