jueves, 25 de octubre de 2012

Presencia en ¡Basta! + de 100 cuentos contra el abuso infantil

Entre un cúmulo de emociones encontradas,  he aportado mi "granito de arena" para la antología de microficciones contra el abuso infantil, 2012. Ser parte de esta publicación, para cualquier persona se transforma en algo muy especial... difícil de explicar con palabras porque, ficción o no, pienso que a todos nos pasa que camuflamos algo (o mucho) de nuestras historias personales en estos relatos. Gracias a Pía por motivarnos a ello, y aquí comparto el texto escogido de los dos que envié.




Parte del prólogo de Pía Barros, su editora:

El futuro fue ayer, de madrugada

(...)Esta antología nace de la necesidad de denunciar y poner en el ojo social una problemática que nos incumbe a las personas en una mayoría significativa. El lugar común dice que los niños "son el futuro" del mundo y esto sirve para llenar discursos vacíos,  puesto que la sociedad ha retrasado, y en algunos casos definitivamente omitido, hacerse cargo del abuso a la infancia. Y aquí no estamos hablando sólo del obvio y abyecto abuso sexual (...)


Pía Barros, 
a nombre del equipo de Asterión Ediciones.





CORTOMETRAJE* 


Así, mi gordita. Fíjate  como lo hago yo. Al papá le encantan estos cariños para despertar contento. Un besito aquí, otro allá, un mordisquito en la oreja, unas cosquillas en la guatita y vas a ver lo  que pasa. Si lo haces bien, capaz que el papi  te preste lo que esconde bajo la sábana. ¿Qué cosa? Eso de allí que se levanta de a poco, durito, calientito, ¡rico!,  para que juegues con él como tú quieras. No, no te pongas los calzones, así será mucho mejor,
¡Ya pus negro, ponte las pilas!…Ya se entusiasmó la cabra y yo tengo la cámara lista para filmar.


*Texto seleccionado.






EL RONQUIDO



Atento frente al lavaplatos, el Javi enfrenta una rumba de platos sucios. Apenas se percata del  ronquido  tras la cortina, suelta todo y avanza en puntillas al dormitorio. No hay duda. Ella duerme. Entonces, temblándole hasta la punta de sus flacas canillas  de nueve años entra y saca las botellas que puede y corre al patio buscando un escondite para  la mercancía. Nada es seguro y la desesperación lo empuja a un acto extremo: los envases desaparecen sobre el muro trasero. Como puede vuelve  a retomar su labor hasta que de pronto, el ronquido baja de intensidad  desapareciendo  entre el vaho de encierro y alcohol. Aterrorizado,  imagina el intento frustrado de buscar  lo que ya no está.
El manotazo que descorre la cortina y el gruñido amenazador que emite la gran sombra tambaleante le hacen saber al Javi que no hay “mamá” que valga. Simplemente,  está perdido.



Amanda Espejo
Quilicura/ Julio/2012




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