lunes, 4 de febrero de 2019

Poema OLAS SOBRE EL PAPEL





Que te suelte, dicen, que te deje ir

que afloje mis dedos del fino hilo que te contiene

mas no lo saben, no

que no es seda sino alambre, engarzado

al contorno terco de mi muñeca.

Tú lo tiras, yo lo suelto.

Te devuelves, me arrepiento.

Que te suelte, madre

que te devuelva tu propia corona de espinas.

¿ En qué hombros la cargarías?

Eres tan débil, tan etérea…

No soportas ni una hoja en tu blanquecino cabello.

Menos, tus manos ondulantes

mecidas al viento quedo…

Menos, tus pies entumecidos

llagados tras un ciclo de desvarío.

Que te suelte, que te deje partir

¡Qué desatino!

Desde el sueño primogénito, tú siempre partiste.

Te fuiste. Volviste la espalda dejándome atrás.

Me nombraste perdida mucho antes que me extraviara.

¡Pobre de ti!

¡Ay, de quien no tema el peso de la sangre!

Que te suelte dices…

Me lo susurras de tanto en tanto en noche sin luna

¡Ay, ingrata!...

¡Si eres tú quien no acaba de cortar el hilo de mi escritura!

Mira como caracoleas sobre la superficie alba…

Mírame, obsesiva

silenciosa ola… ¡Ay, si danzaras conmigo!

¿Acaso no te conmueve la multiplicación de tus peces?



Y si ya te has ido… ¿Por qué te quedas?





Amanda Espejo 

Quilicura, enero- 2019 




lunes, 14 de enero de 2019

Poema EN COLORES






Escribo en colores porque soy sombría.

Porque desde niña,

desde el primer pestañeo

he buscado la luz, por venir de las sombras.

Porque al besar mi cabeza la razón de los años primeros

elegí ser buena, piadosa contra la maldad, y aún así

conservé mi lado hereje bien oculto

carne de mi cuerpo, sangre de mi sangre

detrás y abajo del corazón.

Escribo en colores porque no hay belleza en mis manos.

Porque todo mi ser es contradicción viviente,

suave, filoso hilo entre los opuestos

y un ansia incesante de retorcerlo de extremo a extremo.

Escribo en colores porque replico lo que veo y temo lo que siento.

Porque la Creación es bella. Y terrible.

Entonces,

escribo en colores para no irme a negro,

para creer y sostener que aún soy parte de esta Vida.




Amanda Espejo 

Quilicura, enero 2019

lunes, 24 de diciembre de 2018

Poema AÚN SE HABLA DE TI





Se te recuerda, madre. Aunque no puedas saberlo, aún se habla de ti.

Se habla con benevolencia, condescendientemente, como si evadir la historia bastara para borrar el sufrimiento. Así, hablamos de ti, evitando el desgarro, el abandono, la ira por la injusticia de una vida tramposa.

Se habla de ti con pocas y escogidas palabras. Frases que digan poco y callen mucho.

Se te recuerda, amablemente, en base a fragmentos de memoria falseada según el prisma con que se mire.

Se te menciona, insinuando el deseo casi pueril de que, al final del destino, te veremos nuevamente, ¡Dios nos oiga!, en ese cielo inventado por la indefensión de los seres humanos. Y ya no serías tú, sino otra: alba, purgada y renovada.

Yo, tan solo escucho. Quiero creer. Me desmorono.

Dicen, (los que saben), que a los ausentes hay que dejarlos ir: soltar, soltar, soltar…

No se puede soltar lo que llevamos dentro.

Más que un recuerdo, te llevo, madre. Y a tu madre. Arrastro con hilo de oro, de ombligo a ombligo, un camino que consta de tres estaciones: hija, madre, abuela.

Y así como llevo, vivo y revivo cada interrogante, cada culpa, cada sentencia, cada intransigencia del pasado con el empeño de desenrollar esta maraña de espinas, quitarlas una a una y acabar de una vez, en paz.

Cuesta, madre. Cuesta soslayar las noches de insomnio atrapada en lo que no fue.

Cuesta ser parte de tu descendencia. Cuesta llevar a cuestas los estigmas que te marcaron en tu más tierna infancia.

Cuesta ser, desde niña, ciudadana de segunda clase.

-“Toca el timbre de la puerta de servicio, nunca la entrada principal”.

-”Te he dicho una y mil veces que no vengas sin avisar”.

-” Te quedó lindo el vestido, pero lávate el cuello. Lo tienes sucio”.

-“Pobre L…., tanto hijo que tuvo: seis vidas perdidas”.

Cuesta, madre. Cuesta cargar con tus “culpas”, con la parte gris de tu herencia, sin conocer el resto de la historia. Cuesta el reencuentro. Cuesta aún más el perdón.

Se te recuerda madre, por año tras año, presa de un cansancio emocional que deriva en perenne angustia.

Se te piensa a diario, en cada urgencia (en cada ausencia), en cada traspié. En cada pinchazo que nos da la Vida, allí estás tú re-clavando tus espinas en la miseria de mi piel.

Se te sufre. Se te añora. Se te sueña.

Y por breves y egoístas momentos, se te reinventa… como nunca llegaste a ser.




Amanda Espejo 

Quilicura, diciembre - 2018


jueves, 15 de noviembre de 2018

Poema LA JAULA





Respira, respira profundo

como si cada aliento pudiese quitarte una escama

seca, anquilosada, esquiva de brillo y color.

Respira, aunque no baste.



¡Ay!, si supieran el cansancio de tus huesos…

jaula doliente, combada, vencida,

indefensa ante el desgarre del tiempo.



Hondo, respira, que no se contraiga…

No se apriete con angustia tu turbado corazón,

que no comprende (ni lo pretende)

este sarcasmo de Vida

ni esta reseca armadura, terca, inclemente

ante los tristes requiebros de niña

que solloza, entre costilla y costilla

por tu alma eterna, aún en flor. 







Amanda Espejo 

Quilicura, noviembre - 2018

jueves, 25 de octubre de 2018

Poema DE SANTAS Y AMANECERES






¡Oh, Santa!, si fuese…

Me acunaras algo más entre tus brazos

nadando, confundida pliegue a pliegue

entre la bruma suave de tu amplio regazo,

tal vez pudiese musitar la sagrada letanía que conservo desde niña.

Pero nocturna eres, Madre

y la luz disuelve, maligna, los copos de algodón de tu penumbra.

Y ya no eres santa, solo madre.

Y las palabras silentes que fluyen de mi ser se tornan vacías

inútiles, no más que mantras de cualquier oriente/occidente

Nada que no apague el canto de los pájaros.

La paz que amenazaba mi corazón de nuevo es miedo, rabia, no-perdón

De tus manos calmas no quedan más que huesos

deshilándose, perdiendo astillas de hielo ante el empuje de sol.

Y pienso Santa Madre

que eres y eras las manos mismas de mi madre

como tal, sueltas las mías

y me dejas levitando, a la deriva, en el cuarto de siempre

con las certezas inciertas de siempre

con la dualidad de una vieja/niña

de erizados cabellos

que agita los brazos, en sobrevuelo

intentando vivir el breve espacio entre cielo y suelo.




Amanda Espejo 

Quilicura, octubre - 2018


martes, 23 de octubre de 2018

Publicada en GACETA CARIÁTIDE, México.


Mi cuento, "29 tablas y una fuga", publicado en:




Gaceta Cariátide Brevedades Literarias 
Año 7 número 16,  otoño 2018

"La mujer vista por la mujer"

Con el arte de Libellule (Edna Romero) en portada y póster. 

Cuentos de Patricia Nasello, Amanda Espejo, Gabriela A. Arciniegas, 

Ensayos de Karen Castilla y Laura Lecuona.


Salió al público en la XVIII Feria Internacional del Libro en el Zócalo. 

México - Octubre 2018.




Infinitos y sinceros agradecimientos a Pedro Sacristán,  por hacerme parte de este bello proyecto. 


Amanda Espejo



lunes, 24 de septiembre de 2018