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martes, 26 de marzo de 2019

Poema DESDE LO OSCURO






Después de deslizar el bloque y los burdos peñascos,

después de remover la tierra

de quitar la costra y escarbar heridas a medio secar en el tiempo…

Después del viento

desmontando la hoja del tallo,

después que el hueso emerja de lo oscuro

y se alineen los sentimientos truncos a lo alto del viejo ciruelo,

después del súbito llanto

de la ira, la pena y el remordimiento…

¡Milagro!

Todo aquello lo aguanta la pequeña caja de fieltro gris.



Después que las horas se descuelguen

una a una, de la más larga rama,

después que se hayan ido hasta el último de los pies extraños,

después de todo aquello…

Déjame que llore, al fin, con ganas,

deja que me tumbe, desnuda

de bruces sobre la losa áspera.

Deja que enlode mi cara y sangren mis pezones

como tributo cierto a la vida en medio de tanta muerte.

¿Me sientes?

Aquí estamos.

Yo de arriba, tú de abajo.

Ni tan cerca ni tan lejos…

Indivisibles, en la memoria, ni muertas ni vivas.






Amanda Espejo
Quilicura, marzo - 2019


jueves, 21 de febrero de 2019

Poema MISMA ESQUINA








Cuando quieren hablar de ti

les grito…

¡Que te dejen tranquila!,

que descansas en paz.

Y que se limpien la boca antes de nombrarte.



Que te amaban, dicen…

¡Qué de amor por entre dientes!

¿Y el encierro?

¿Y el desprecio?

¿Y el olvido?



Piedad.

Alguien robe de sus mentes el sonido de tu nombre.



Noche. No hay luna.

El cinismo desborda entre las cruces

y se persignan los ángeles ante tanta hipocresía.

Largas lenguas reptan los senderos del camposanto,

bajo la tierra, entre crujir de huesos

se percibe la letanía: “falso, falso, falso…”

Falso es cuanto sale de sus bocas.

Falso es el credo conque golpean sus pechos.



Mientras,

encogida, misma esquina

nada arranca las espinas de este triste corazón.





Amanda Espejo 

Quilicura, febrero - 2019

lunes, 4 de febrero de 2019

Poema OLAS SOBRE EL PAPEL





Que te suelte, dicen, que te deje ir

que afloje mis dedos del fino hilo que te contiene

mas no lo saben, no

que no es seda sino alambre, engarzado

al contorno terco de mi muñeca.

Tú lo tiras, yo lo suelto.

Te devuelves, me arrepiento.

Que te suelte, madre

que te devuelva tu propia corona de espinas.

¿ En qué hombros la cargarías?

Eres tan débil, tan etérea…

No soportas ni una hoja en tu blanquecino cabello.

Menos, tus manos ondulantes

mecidas al viento quedo…

Menos, tus pies entumecidos

llagados tras un ciclo de desvarío.

Que te suelte, que te deje partir

¡Qué desatino!

Desde el sueño primogénito, tú siempre partiste.

Te fuiste. Volviste la espalda dejándome atrás.

Me nombraste perdida mucho antes que me extraviara.

¡Pobre de ti!

¡Ay, de quien no tema el peso de la sangre!

Que te suelte dices…

Me lo susurras de tanto en tanto en noche sin luna

¡Ay, ingrata!...

¡Si eres tú quien no acaba de cortar el hilo de mi escritura!

Mira como caracoleas sobre la superficie alba…

Mírame, obsesiva

silenciosa ola… ¡Ay, si danzaras conmigo!

¿Acaso no te conmueve la multiplicación de tus peces?



Y si ya te has ido… ¿Por qué te quedas?





Amanda Espejo 

Quilicura, enero- 2019 




lunes, 24 de diciembre de 2018

Poema AÚN SE HABLA DE TI





Se te recuerda, madre. Aunque no puedas saberlo, aún se habla de ti.

Se habla con benevolencia, condescendientemente, como si evadir la historia bastara para borrar el sufrimiento. Así, hablamos de ti, evitando el desgarro, el abandono, la ira por la injusticia de una vida tramposa.

Se habla de ti con pocas y escogidas palabras. Frases que digan poco y callen mucho.

Se te recuerda, amablemente, en base a fragmentos de memoria falseada según el prisma con que se mire.

Se te menciona, insinuando el deseo casi pueril de que, al final del destino, te veremos nuevamente, ¡Dios nos oiga!, en ese cielo inventado por la indefensión de los seres humanos. Y ya no serías tú, sino otra: alba, purgada y renovada.

Yo, tan solo escucho. Quiero creer. Me desmorono.

Dicen, (los que saben), que a los ausentes hay que dejarlos ir: soltar, soltar, soltar…

No se puede soltar lo que llevamos dentro.

Más que un recuerdo, te llevo, madre. Y a tu madre. Arrastro con hilo de oro, de ombligo a ombligo, un camino que consta de tres estaciones: hija, madre, abuela.

Y así como llevo, vivo y revivo cada interrogante, cada culpa, cada sentencia, cada intransigencia del pasado con el empeño de desenrollar esta maraña de espinas, quitarlas una a una y acabar de una vez, en paz.

Cuesta, madre. Cuesta soslayar las noches de insomnio atrapada en lo que no fue.

Cuesta ser parte de tu descendencia. Cuesta llevar a cuestas los estigmas que te marcaron en tu más tierna infancia.

Cuesta ser, desde niña, ciudadana de segunda clase.

-“Toca el timbre de la puerta de servicio, nunca la entrada principal”.

-”Te he dicho una y mil veces que no vengas sin avisar”.

-” Te quedó lindo el vestido, pero lávate el cuello. Lo tienes sucio”.

-“Pobre L…., tanto hijo que tuvo: seis vidas perdidas”.

Cuesta, madre. Cuesta cargar con tus “culpas”, con la parte gris de tu herencia, sin conocer el resto de la historia. Cuesta el reencuentro. Cuesta aún más el perdón.

Se te recuerda madre, por año tras año, presa de un cansancio emocional que deriva en perenne angustia.

Se te piensa a diario, en cada urgencia (en cada ausencia), en cada traspié. En cada pinchazo que nos da la Vida, allí estás tú re-clavando tus espinas en la miseria de mi piel.

Se te sufre. Se te añora. Se te sueña.

Y por breves y egoístas momentos, se te reinventa… como nunca llegaste a ser.




Amanda Espejo 

Quilicura, diciembre - 2018


jueves, 25 de octubre de 2018

Poema DE SANTAS Y AMANECERES






¡Oh, Santa!, si fuese…

Me acunaras algo más entre tus brazos

nadando, confundida pliegue a pliegue

entre la bruma suave de tu amplio regazo,

tal vez pudiese musitar la sagrada letanía que conservo desde niña.

Pero nocturna eres, Madre

y la luz disuelve, maligna, los copos de algodón de tu penumbra.

Y ya no eres santa, solo madre.

Y las palabras silentes que fluyen de mi ser se tornan vacías

inútiles, no más que mantras de cualquier oriente/occidente

Nada que no apague el canto de los pájaros.

La paz que amenazaba mi corazón de nuevo es miedo, rabia, no-perdón

De tus manos calmas no quedan más que huesos

deshilándose, perdiendo astillas de hielo ante el empuje de sol.

Y pienso Santa Madre

que eres y eras las manos mismas de mi madre

como tal, sueltas las mías

y me dejas levitando, a la deriva, en el cuarto de siempre

con las certezas inciertas de siempre

con la dualidad de una vieja/niña

de erizados cabellos

que agita los brazos, en sobrevuelo

intentando vivir el breve espacio entre cielo y suelo.




Amanda Espejo 

Quilicura, octubre - 2018


jueves, 16 de junio de 2016

Poema BROTES DE HIEDRA VERDE






Me aguardas, madre

inefable, bajo la losa de sombra fría.

No existen flores sobre el plano, pero…aguarda

planté unos brotes de simple hiedra para resarcirte el verde.

Ya no sufras por el gris de tu losa compartida.

¿Notas la lealtad del viejo ciruelo?

Él no te abandona.

Condenado a la misma tierra

no ceja en bridarte su frescura,

su lluvia de pequeños pétalos primaverales

o esos besos en rojo viejo de su fruta madura.

Rojo. Viejo. Como mi sangre, madre. Ésta, tuya y mía.

Huérfanas ambas de los abrazos que nunca fueron:

los límpidos, los serenos.



Me lloro, madre.

Nadie como yo sabe tanto lo que no fue.

Mas soportémoslo.

Aguarda otro tiempo no cifrado y en tanto, solacémonos  

con las otras flores: las tuyas, las mías.

Esas que crecen salvas atrás año conservando en su interior nuestra semilla

y estallan a su vez, de cara al viento

para multiplicarse hasta el fin del tiempo signado.



Soy nuestra jardinera, madre.  La tuya. La mía.

Todavía en mis años maduros escarbo la tierra ansiosa

para que seas testigo de nuestras flores; las tuyas y mías

y compruebes, con alborozo que tanta penitencia no fue en vano.



Aguarda, calma, madre.

Momento habrá en que las respuestas perderán todo sentido

ante la tibieza eterna de un abrazo compartido.

El tuyo. El mío.





Amanda Espejo
Quilicura / junio - 2016






domingo, 28 de diciembre de 2008

Poema PÓSTUMO





PÓSTUMO





Necesito Amor.

Unos brazos que me cobijen

en curvas cóncavas, convexas,

y así, evocar por un instante

la calidez de la concha materna.

Des-andar la espiral del tiempo

hasta aquel olvidado instante

en que fui nada más que un frágil pez,

flotando, inmersa y segura,

en el dulce sueño del Génesis.

Sin conciencia de algún futuro

ni sentidos que lo percibieran:

intuición, nada más que intuir el ser, "una" pez,

un cierto amasijo resbaloso

de faz arrugada y ojos ciegos

(no quiero ver "esa" tristeza)

Un par de oídos rudimentarios:

(no quiero oír "ese" llanto...)

Una voz en ciernes que te ruega:

no me llores...



¿Por qué y para qué lloras hermosa?



Te lo ruego

no me taches con la culpa

ni guardes tu amor antes de tiempo.

Déjame aquí... navegando en ti,

hasta que florezcan las algas

y los mares se tiñan de rojo.

Sólo entonces, reviéntate en mí.


No me odies,

soy resultado de un accidente.

Tú, el miedo a las consecuencias,

yo, el asombro ante el sin sentido.

Las mil preguntas escritas en mi piel:

¿Por qué? ¿...? ¿Por qué y para qué?

Yo era "una" pez... no sabía respirar.


Me perdí...

Desde la abertura de tus piernas,

durante el trayecto hacia tus senos.

Me perdí, ascendiendo tu cuerpo

aún antes de conocer tus labios.

Tus besos húmedos estaban fríos:


(Es falso que las lágrimas son tibias)


Yo...tan sólo quería TU amor.

Y ahora, en mi pronta falta de ti,

tendré que parirme a mí misma

una y otra vez, incansablemente,

en triste y perpetua secuencia

cual lo hacen la noche y el día.

Condenada...

¿Por qué? ¿Por qué y por quién?

Ya no me hablan los nombres,

Ya nada aclaran las culpas...

En el talle de tu molde fui formada

y a tu justa medida fui cortada:

Tal y como tú, por siempre

yo necesitaré de Amor.



Amanda Espejo

Quilicura, 12 - 10 - 2005




Dedicado a la más importante de mis Lauras.